sábado, 31 de diciembre de 2016

¿Feliz? Navidad

"Nunca he sido lo que no merece la pena"
- Dellafuente


Yo, hace cinco minutos en mi sótano.





Es un hecho que, con el tiempo, las cosas cambian. Lo peor no es eso, sino que nos pilla desprevenidos. Más de una vez me lo he preguntado: ¿Quién me iba a decir a mí hace “x” meses que ahora iba a estar así? Y es que, ¿acaso no lo sabía? ¿Acaso no había visto ya que nada es para siempre?

Es muy curiosa la forma que tiene la realidad de demostrarnos esto. Por ejemplo: La Navidad. Fin de año. Bombillas de colores en el centro, música alegre en las tiendas, papeles de envolver regalos copando los armarios, esa sensación que nos imponen de “ahora todo va a ir bien”. Pero no, no va.

¿Quién se acuerda de su primera Navidad? ¿Y de la segunda? No, probablemente tengamos que avanzar muchos años hasta encontrar los primeros recuerdos. De pequeño tengo presente la ilusión por la existencia de los Reyes Magos. No sé decirte en qué año, pero sí con exactitud cómo fue ese seis de enero en el que uno de mis tíos se disfrazó de Baltasar y vino a mi casa a sorprendernos a mi hermana y a mí. Yo en aquel momento no podía ni sospechar que aquel color de piel y aquellos atuendos eran falsos. Corrí como un loco a sus brazos y ni se me pasó por la cabeza que los Reyes Magos no existieran. Y quién sabe, puede que sí lo hiciesen. Al fin y al cabo, la ilusión y el esfuerzo pueden hacer cualquier cosa posible.

Pero claro, con los años te das cuenta de qué sucede. De cosas que, por la edad y la ingenuidad, no te das cuenta. No hablo sólo de los tres hombres con coronas y los camellos. Hablo de las cenas en familia. Notas que no todo es tan fácil como poner un mantel. Hay que organizarse. Si tienes la suerte de que tus padres estén juntos, toca elegir con qué familia pasar cada noche y dónde. Te das cuenta de que hay años en los que no ves a cierto primo o tío porque ha coincidido que el día que tú pasas con tus abuelos él lo pasa con su otra ala familiar. Y claro, aparte, con los años se notan las ausencias. Ese hombre mayor que presidía la mesa y cortaba el jamón ya no está y el puchero no sabe igual porque la anciana que lo cocinaba ya no puede hacerlo. Además, no todos tienen la suerte de disfrutar de una Nochebuena y una Nochevieja repleta de personas, con una mesa gigantesca repleta de comida. Muchas familias hoy cenan como cualquier otra noche, en la pequeña mesa del salón con sus dos o tres familiares más cercanos. Quizás coman todos juntos las uvas o quizás la abuela se quede dormida antes. Qué más da. A fin de cuentas, no importa la cantidad de personas con las que despides el año, sino la calidad de la relación que tienes con ellas.

Ya para terminar, quería hablar de año nuevo. De cómo la gente cree que al cambiar la cifra del calendario, va a cambiar su suerte o su vida. “Este va a ser mi año”, dicen. Un año no depende de cómo empieza ni de cómo termina, sino del camino que recorres durante él. De tus aciertos y de tus errores. En mi caso, 2016 ha sido el peor año de mi vida, pero me lo he buscado yo solito. Me he pasado la primera mitad del año cometiendo errores y la segunda mitad intentando solucionarlos, pero se acabó. Al menos, de las peores experiencias se aprende. Me he dado cuenta de que no sirven de nada las cosas que haces si nadie se entera de que las has hecho. Me he dado cuenta de que las personas con más talento, más trabajadoras y que mejor hacen lo que sea a lo que se dediquen no siempre son las que copan las listas de ventas o los rankings de lo mejor del año. Me he dado cuenta de que mi país premia la mediocridad. Me he dado cuenta de que el hecho de ser familia no te hace automáticamente sentir cariño o afecto por alguien. Me he dado cuenta de que pocas personas cumplen lo que dicen, y a las que lo hacen raramente se les reconoce. Me he dado cuenta de que la insistencia no te asegura el éxito. Me he dado cuenta de lo fácil que es ver cuando alguien miente. Me he dado cuenta de que si quieres mantener algo en secreto, el primero que no debe contarlo eres tú mismo. Me he dado cuenta de que, por muy mal que lo hayas pasado durante un tiempo, el cerebro se empeña en engañarse y recordar sólo los momentos en los que fuiste feliz. Me he dado cuenta de que merecer algo no te hace, ni de lejos, tenerlo. Me he dado cuenta de que hay muchísima gente estúpida que se cree inteligente y quizás yo sea uno de ellos. Me he dado cuenta de que hay personas que se creen con derecho a hacerte daño.

Y me he dado cuenta de que, a pesar de todo ello y de lo que digan, sólo se vive una vez, y si para algo sirven los cambios de año no es para ser una persona nueva, sino para aprender. Quién sabe, quizás cuando vaya a empezar 2018 hayas aprendido lo suficiente como para cometer de nuevo sólo aquellos errores que te hicieron feliz.

Por cierto, me he dado cuenta de más cosas, pero también he aprendido que si sientes que algo no funciona lo mejor es no forzarlo y dejarlo.

Un abrazo.

Alejandro Berraquero, a 31 de diciembre de 2016 en hastaquesecolapselainspiracion.blogspot.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario